martes, enero 20, 2009

Lo elemental...


Quizás debiera haber escrito esto hace algún tiempo. No, me rectifico: tendría que haberlo escrito hace muchísimo tiempo.¿Y porqué no lo hice antes, entonces? No sé muy bien...cualquier cosa, menos pereza, eso sí. A veces (casi siempre) resulta muy difícil poner en palabras los sentimientos más profundos...es tan fácil inventar los de algunos personajes o pensar los de los otros, pero nos cuesta tanto admitir que estamos bien, que somos felices. También, otro motivo que influyó es que, en buena medida, he perdido la capacidad para crear arte: no sé escribir más. Así de simple...y no tenía ganas de escribirte cualquier porquería. Otro factor, y tal vez el más importante, es que siento lo nuestro como algo tan íntimo, que a veces no me gusta que el mundo nos invada, ni que sepa demasiado de nosotros.Pero acá estoy, intentando...¿homenajearte?...no, no es ésa la palabra, no me gusta como suena. Como sea, quiero poner en palabras todo lo que siento por vos, el ser más importante de MI mundo, la única persona que amo (y que amaré): Lula.Lula. Que lindo nombre (porque seamos sinceros, hace rato que Lucina ya no es más tu nombre; a mis oídos suena al revés, como el apodo que en realidad es Lula). Lula. Lula-Lula. Lula, Lulita, Lulú, mi Lula. Tan musical, tan dulce a mis grandes oídos, asombrados ellos de que no pare de repetirlo como una suerte de mantra litoraleño.Y la pucha, como te amo, carajo. Es así de simple, te amo. Te amo, y todos sabemos lo que implicaClaro que seguimos siendo dos seres individuales. Ahí estás vos, acá estoy yo; somos dos Unos (aún). Pero, mierda, que este Uno tiene unas ganas bárbaras de darle la mano a ese otro Uno que sos vos, y no soltarla nunca más. Abrazarte para siempre, abrazo eterno, beso monumental. Y quedarnos ahí, eternizados, dos nenes felices, dos viejos llenos de alegría cósmica.Lo confieso: jamás había sentido verdaderos celos, hasta que me enamoré de vos. Primero fue un “hum, no me gusta como te mira aquel tipo”, y derivó en estas ansias asesinas que siento hoy en día si sospecho que alguien te desea. Y ambos lo sabemos, no tenemos nada que sospechar del otro (al menos, yo confío muy ciegamente), pero aún así no podemos dejar de preguntarnos porqué demoró más de cinco minutos en contestar el mensaje de texto. ¿Y sabés que? Me encanta ser celoso; si señores, disfruto bastante el ser posesivo. Pero aún más, todavía más, me gusta que me celen, ser poseído; sí, me encanta, me hace sentir importante, querido…una manifestación más del amor
Y te necesito, por dios lo que te necesito. Ya ni siquiera sé si es sano, si está bien o no; no me importa un céntimo. Simplemente te necesito, mucho, muchísimo, de una forma y con una intensidad que jamás sentí antes; te quiero a mi lado, a toda hora, en todo lugar. Y si te suelto un ratito...¡ay, pero que lindo que son esos instantes, sabiendo que nos volvemos a ver! Prepararme, bañarme, perfumarme, buscar algo de ropa decente...ese beso profundo que me das cada vez que nos vemos de vuelta; beso que me hace irme (montado en tus labios) a las mas deliciosas alturas.
Mi Lula, mi bella Lula, la más hermosa de las mujeres. Sos la cosita (o mejor dicho, “el sujetito”) más hermosa que conozco, la cosa más dulce, la persona más inteligente, el er más cuerdo y mágico. Gracias, mi amor, gracias por existir, por salvar mi alma, por bendecirme con tu piel, por dejarme ser parte de vos.
Jamás te voy a abandonar, mi amor. Acá estoy, yo, tu Manu, esperándote, deseándote, amándote.

lunes, diciembre 01, 2008

¡Reapertura!

Ehm, si, más de un año sin escribir. No sé si tiene mucho sentido dar razones...tampoco sé si las tengo. Si fuera un tipo de más nivel diría que fue una "crisis creativa", o que "necesitaba conectarme conmigo mismo". Pero no, no me da para eso, así que soy sincero: tenia paja; no tenía ni putas ganas de escribir, y se me ha ido un poco el narcisismo, así que "no daba" (que útil estas frasecitas de la post-modernidá', che). Tuve un montón de oportunidades de hacerlo, pero no quise; incluso había fechas más convenientes, pero no. Mi desgano es más fuerte que lo que sea, y si a eso le sumamos mi capacidad de perder el tiempo...
Pero, bué, acá estoy. Más enamorado de Lula, gordo, bardero, poco afecto a demostrar intelectualidad, barrabrava y bestia que nunca. Al menos tengo una ventaja: al no haber escrito nada que merezca el apelativo de "bueno", las aún peores mierdas tediosas que escriba a partir de ahora no sorprenderán a nadie. Es más, creo que puedo llegar a provocar ternurita (?).
Saludos, energúmenos. ¡Bienvenidos otra vez a mi paraíso blogger! ¡Y que viva Ian Curtis!

jueves, noviembre 15, 2007

Relleno

Es sabido que cuando un blogger no tiene nada muy relevante que poner, tiene dos opciones: una razonable, que sería no poner nada hasta que se le ocurra una buena idea, o poner la primer boludez más o menos consistente que encuentre para rellenar y que le alaben el ego un poco. Por desgracia, esta condenada sub-especie humanoide suele preferir esta última opción. Y el autor de este blog, si bien es un ruin can, también es uno de ellos, y en consecuencia comete las mismas fechorías.
En este ocasión, ha decidido copiarles a los muchachos de "¿Que estás buscando?" (como más de uno ya lo ha hecho), y ha decidido publicar los criterios de búsqueda que utilizan ciertos desgraciados individuos, que por escasa suerte (y cierta malevolencia del dios Google) terminan cayendo en este nauseabundo cubil. A continuación, una selección de lo peorcito:
"sexhymen.com". El más frecuente entre todos los criterios. Cómo alguien puede terminar en mi blog buscando pornografía, no sé, pero bue, que los jeropas tienen derecho a vivir, también. (BONUS TRACK: Por alguna razón, se me ocurrió verificar si sexhymen.com existía. Si lo escribís bien, te lleva a Defloration. Da un poquito de impresión.)
"fotolog luciano pereyra" . No sé quien será, pero el/la hijo/a de puta que anda buscando eso, mejor que no se me cruce por la calle, porque soy capaz de meterle un palo con clavos hasta la laringe.
"barney en cuerpo completo". Jeropas, pero con mentalidad infantil.
"el condor es de sangre fria o caliente". Según Wikipedia, es un ave, por lo tanto de sangre caliente. Pero atenti, que a mi siempre me pareció muy pechofrío (?).
"gabriel vaschetto" . Y eso que yo le avisé...la DEA se avivó, y está buscando a cierto blogger amigo
"que animal catalogar como el perro del diablo". Y...'ta jodido, pero yo me la juego, entre el perro de Rodriguez Saá y el de Menem.
"el chavo del choto". ¿Pornografía mexicana?
"adolescente emocionalmente inestables". ¿¿EXISTEN los adolescentes emocionalmente ESTABLES??
"como hacer perros creativamente". Una de dos: o alguien quiere buscar la última pelotudez de Utilísima, o es un científico loco que está un poco aburrido.
"cantantes con panico a las inyecciones". Vista la cantidad de muertes por sobredosis en el mundo del rock, éste la va a tener bastante jodida para encontrar algo, eh.

Y de regalito, les meto un "cazajeropas" (idea afanada de Se Está Buscando Una Paliza):
CRISTINA
KIRCHNNER
TRAGÁNDOSE
UNA
GAROMPA
DE
TAMAÑO
KILOMÉTRICO



sábado, noviembre 10, 2007

De Colectiverii

Cuando uno viaja en el colectivo, ómnibus, bus, guagua, o como quieran decirle, puede llegar a vivir experiencias interesantísimas, algunas de ellas tan trascendentales que pueden llegar a afectar el rumbo de nuestra vida para siempre (sobre todo si se te ocurre tirarte de la ventanilla cuando el colectivo va todo lo que da por alguna avenida transitada).

Pero este vehículo social, este popular transporte del proletariado (ay, se me escapó el zurdito interno) no marcha ni se mueve solo. Está bien que sin los pasajeros no tendría razón de ser; pero su existencia misma no sería posible de no ser por un personaje central, muchas veces injustamente menoscabado: El Colectivero.

El Colectivero es eso que muchos quieren ser de chicos en la escuela primaria (nunca falta el párvulo de primer grado que declarar querer serlo “cuando sea grande”), pero pocas personas se atreven a realizar de grandes. Ser Colectivero (al menos, en Argentina) no es fácil; son horas y horas soportando viejas que no saben poner la tarjeta (o monedas), teniendo que escuchar a los tipos que no quieren pagar, a gente maloliente, etc.; baste decir que muchos están mas de 16 horas por día sentados en un mismo asiento: si eso no te estresa, ya llegaste al Nirvana, macho.

Pero no todos los colectiveros son iguales, claro que no. Existen sutiles diferencias, que hacen que podamos establecer alguna clasificación. Aquí, los principales elementos:

1-El Gordo Malhumorado

Este personaje reúne en sí todas las características y males del colectivero rioplatense, y es por lo general, el elemento más común. Rondando los 50 años (nunca menos de 40), puede llamarse Héctor, Raúl o Rubén, pero sus amigos le dicen indefectiblemente Cacho, o Tito. Panzón y con cierta calvicie (aunque conserva algunos pelos, que parecieran tener vida propia), El Gordo Malhumorado es la expresión misma del enojo. Siempre está enfadado por algo: un pibe que se sienta y apoya los pies contra el asiento de adelante, alguno que se sienta primero y paga después, o algún otro chofer. Es de conducir de manera temeraria, a velocidades impensables para esos carromatos; aún viéndolo de afuera, se puede saber que es él quien conduce: jamás frena para doblar (lo que hace que algunas veces se suba a la vereda), muchas veces deja pasajeros esperando “porque va apurado”, y hace ver al colectivo como una tromba diabólica, que avanza a un ritmo demencial. En caso de accidente, no tiene problema alguno en bajarse, y refiriéndose a la madre y todo el árbol genealógico del otro conductor, y romperle la cabeza a matafuegazos. De más está decir que odia su trabajo; de haber sido por él hubiera sido piloto de carreras, o torturador. A su favor se puede decir que es bastante eficiente, y que si uno tiene cierto apuro para llegar a algún lado, él es el indicado.

2-El Gordito Simpático

Las teorías dualistas afirman que toda cosa tiene su extremo opuesto. Con el Gordito Simpático y el Gordo Malhumorado pasa exactamente eso. El Gordito Simpático posee las mismas características físicas y sociales que el G.M: es panzón, tiene cerca de medio siglo vivido, es pelado, y también le dicen Cacho (o Cachito). Pero el G.S es la esencia misma del buen humor. Es aquel tipo que sí hizo realidad el sueño infantil de trabajar de chofer; otro trabajo sería impensable para él. Su relación con el resto del mundo no podría darse en mejores términos: siempre tiene una sonrisa para regalar, nunca le falta charla con quien sea. Si uno no tiene monedas para viajar, G.S es capaz de hacerle la gamba y dejarlo pasar igual. Para él, el mundo es un colectivo. Si te agarró el bajón, el Gordito Simpático es mejor que un psicólogo.

3-El Treintañero Canchero.

El Treintañero Canchero, como bien lo dice su nombre, es bastante joven. Pero no es ya un pendejo; pero eso él no lo quiere entender. En su cabeza, aún es un adolescente, y actúa en consecuencia. Su vestimenta es más o menos igual a la de todos los colectiveros (ya que el reglamento se lo pide): camisa, zapatos y jean. Pero él siempre tiene ciertos detalles: anteojos negros, infaltables y abundante gel, alguna pulsera “étnica”. Suele llevar su propia radio al colectivo, la cual sintoniza a todo volumen, informándonos a los pasajeros del ranking musical. Sus pasajero predilectos son las mujeres jóvenes; si son estudiantes con jumper, mucho mejor. Puede llegar a desatender totalmente el resto de los viajeros , y al mismo colectivo en sí, sólo por enfocar su vista en algún glúteo o por estar chamuyándose alguna empleada recién salida de trabajar. TC, de no ser colectivero, sería de esos locutores bananas que conducen programas radiales a la tarde, con nombres tales como “Los Mega Hits”. Es interesante viajar con él, ya que nos permite reírnos de sus patéticos intentos por negar su condición.

4-El Cara de Nada

Hay gente que en la vida logra pasar totalmente desapercibida. El Cara de Nada es un ejemplo perfecto. Por lo general tiene un nombre bastante inocuo, poco recordable, como Carlos, Juan, o en el mejor de los casos, Sergio. Flaco, medio rubión (pero no tanto, si no aunque sea merecería el apodo de “Gringo”), nadie logra recordarlo con facilidad, ni siquiera sus propios compañeros. Es difícil hablar de él, ya que tiene escasas cualidades que lo hagan resaltar. Suele ser bastante sobrio en su manera de vestir y conducir, y su relación con el resto del mundo es prácticamente inexistente: el se dedica a mover el colectivo de un lado a otro, con bastante precisión. No escucha música, y da la sensación, por alguna razón, de que es evangélico. De no ser colectivero, sería bibliotecario, o de esos que atienden los peajes. Si te peleaste con tu novia, o te echaron del trabajo, y encima el día está feo, un viajecito largo con C.deN te puede relajar bastante.

5- El Macaco Cumbiambero

Si esta clasificación fuera ordenada de acuerdo al nivel de “villerismo” & “grasitud”, Macaco Cumbiambero se llevaría el primer puesto por robo. La edad de M.C es lo de menos; su esencia villera trasciende toda frontera cronológica. Con un corte a lo Pedro el Escamoso en su pelo (morocho, pero por lo general, con una buena dosis de tintura barata), una dentadura bastante incompleta y un léxico que hace que Cervantes Saavedra se revuelque en su tumba, este individuo es la expresión misma de lo que es ser grasa. Su nombre tampoco importa, aunque sus amigos le dicen, sospechosamente, “Ganzúa”. El resto de los choferes lo quieren bastante, ya que nunca es falto de alguna anécdota por relatar. Su omnipresente estéreo, nos hace viajar acompañados de delicias musicales, como él último CD de Damas Gratis, o un compilado del romántico Leo Mattioli. Se supone que de no trabajar en el rubro de la conducción de automotores, en este momento estaría afanando alguna cartera en la calle, o en el mejor de los casos, vestido con un uniforme policial y cobrando coimas. Es interesante viajar con él, nos puede mostrar esa realidad popular que muchas veces olvidamos.

martes, noviembre 06, 2007

Un Viaje Más

Nunca había habido nubes tan aburridas como aquella tarde. Usualmente no había demasiado, pero jamás faltaba alguna forma risueña: un elefante deforme, alguna bota o incluso una palabra con todas sus respectivas letras. El día anterior había sido de los más generosos; parecía que se había agotado el crédito de belleza celestial. Miró un poco más para arriba, y resignado, caminó hasta la parada.

Julián no tenía mucho que hacer por las tardes, y que querían que hiciera, después de todo el era sólo un muchacho que había dejado la facultad. A la mañana, sí, atender el kiosco de Mario lo entretenía. Pero las tardes, para alguien quien no tiene actividades ni gusta de la siesta o de las novelas mexicanas, pueden ser soporíferas. Su único divertimento consistía en tomarse el veintidós, pasear por la Plaza “de la San Miguel”, tomarse una gaseosa (o cerveza, según el caso) y robar alguna billetera.

No era ladrón por necesidad, no. Plata en su casa no sobraba, pero podía darse todos los gustos que sus límites mentales preveían. Tampoco era codicioso; todo aquello que robaba lo gastaba en cosas efímeras, que no podían conservarse, o lo tiraba. Incluso una vez había restituido el dinero, a una víctima que jamás supo que lo había sido.

No, Julián robaba por puro placer. La emoción de saberse impune, el antiguo y omnipresente gozo humano por lo que la cultura nos dice que es prohibido. Cuando corría por las calles, con una billetera ajena en su bolsillo, sentía tanta culpa que el corazón le desbordaba de alegría. Después, más calmado, miraba alrededor al resto de los mortales, con el desdén propio de quien se sabe vil.

Tenía varios métodos, y obviamente, varios escenarios. Pero todos coincidían en su sutileza, en que el robado no supiera del hecho hasta llegar a su morada (Juli gustaba de imaginar la casa de los sorprendidos compañeros de colectivo el descubrir sus chaquetas y carteras vacías). Le parecían indignos de respeto aquellos ladronzuelos que precisaban de la violencia y la fuerza para tener éxito: esos canallas lo hacían por necesidad, él era un artista.

Esa tarde, oprobiosa en su vulgaridad, necesitaba de un buen robo para hacerlo sentir vivo. El veintidós vino, él subió, el chofer arrancó. Era hora de entretenerse.

La víctima, un viejito. Uno de esos tantos, que eran mas viejos de lo que realmente son. Manos arrugadas, ropa sucia y olorosa de varios días; en su cabeza, pelos blancos sin afeitar, dos verrugas grandes, un ojo marrón y otro ciego por alguna enfermedad de ésas que sólo tienen los viejos solitarios y paupérrimos.

Iba durmiendo contra la ventanilla: era una linda postal, y una presa fácil. Se sentó a su lado, y con disimulo, manoteó su flaca billetera, que salía de uno de los bolsillos del saco (bastante hecho pelota, por cierto).

En la parada siguiente, el anciano se despertó bruscamente. Julián dudó por un momento; rápidamente buscó su cara-de-tranquilidad. No hubo nada que temer, el abuelito (quien sabe si tenía nietos, o siquiera hijos) sólo pidió permiso para bajarse. Lo dejó pasar, escondiendo la billetera en su propia campera.

Apenas descendió el viejo, se acomodó en el lugar que éste había dejado vacío. Apoyó la cabeza contra la ventanilla, y empezó a dormitarse. Total, hasta llegar a Colonia Avellaneda faltaban como mínimo veinte minutos.

La polvareda lo despertó. La mole del viejo galpón abandonado de Telecom le anunció que estaba cerca. Agarrándose fieramente del asiento, Julián se levantó conteniendo un bostezo; no era mala idea tratar de dormir unas horas más por día. Se acercó a la puerta de atrás, y presionó la bocina.

Las manos arrugadas le dolían un poco. Se miró en el espejo, y su mueca de horror asustó al niño de ojos oscuros del asiento del fondo. Siguió mirándose: su ropa estaba sucia y olorosa, y en su rostro había pelos blancos sin afeitar, dos verrugas grandes, un ojo marrón y otro ciego por alguna enfermedad de ésas que sólo tienen los viejos solitarios y paupérrimos…

sábado, octubre 13, 2007

Respecto del 12 de octubre

He vuelto a la vida (bah, mi computadora lo ha hecho. Al respecto, perdí mi colección de 2000 temas, así que buena parte de mis días a partir de ahora estarán dedicados a bajar música). Esto pensaba postearlo antes de ayer, pero, en fin...

Hoy es 12 de octubre. Años atrás, este día era recordado como "el día que Colón descubrió América", o como el día de la Raza. Hoy, no se sabe muy bien que nombre darle (el Inadi propone uno bastante correcto, aséptico y bastante estéril, "Día de la Diversidad Cultural Americana"). Tampoco hay acuerdo sobre qué hacer o decir, ni siquiera se sabe bien que pasó.
No obstante, hay algunas cosas sobre las que hay un cierto acuerdo: que Colón (su nombre original nunca se sabrá) llegó a alguna isla caribeña (probablemente Guanahí), acompañado de hombres, en 3 barcos (olvídense de lo de "las tres carabelas", la Santa María era una bruta nao), y que no esperaba encontrarse ESO. Y no mucho más.
Mierda, ni siquiera con la fecha hay acuerdo. Porque, si bien en el calendario del bueno de Cristóbal era 12/10, en nuestro calendario gregoriano sería un 21 de noviembre de pura cepa.
Respecto a "descubrimiento de América", podemos analizarlo de 2 maneras.
Una, la más tradicional (o idiota), es pensarlo como al Civilizado Hombre Blanco llegando a una tierra virgen, poblada por Salvajes Casi-Animales. Desde ese lado, no hubo descubrimiento. América tiene gente viviendo de manera estable desde hace unos 15000 años (mínimo), y a decir verdad, creo que la ciencia azteca le pasaba el trapo a la europea de la época.
Pero veámoslo desde un costado menos emotivo, y más dialéctico. Así como para los europeos América era una cosa totalmente novedosa, para los "indios" también lo era. No, no estoy en pedo, ni intento contradecirme. Pero, vayan a preguntarle a un iroqués o algún selknam de aquellos tiempos, a ver si saben dónde viven. Les van a decir cualquier cosa, menos América. Y muchos menos, claro, esperen que logren reunirse bajo la identidad común de "nativo americano" (ya sé que decir indio es más cómodo, pero recuérdenlo, está mal, un indio de verdad vive en Asia, tiene como prócer a Gandhi, y por lo general es hindú, musulmán, sij o barbudo simplemente).
América fue América cuando se la reconoció como algo diferente, algo nuevo respecto de ese Viejo Mundo. Y viceversa, obviamente. Entonces, desde esa perspectiva, sí hubo descubrimiento de América, en la misma medida en que hubo descubrimiento de Europa.
Esto no debe hacernos olvidar una cosa: esta llegada de los europeos significó muerte. Muchas muertes. 80 millones de mayas, guaraníes, sioux, y otras etnias perdieron el 90% de su población, sus identidades, sus culturas y religiones, su libertad. Pueblos enteros desaparecieron, por la espada, la enfermedad, o el martillo de las minas. Probablemente no haya otro caso de muerte masiva no natural tan violento y sanguinario en la historia universal. Quien quiera calificarlo de genocidio, puede hacerlo, las dimensiones lo hacen entendible.
Pero yo prefiero no hacerlo; genocidio implica un plan consciente, deliberado, de exterminio, y sinceramente, no creo que los españoles desearan la muerte de todos los aborígenes (aunque los ingleses y franceses probablemente sí). Tarde o temprano iba a suceder, y a decir verdad, agradezco que haya sido antes de la invención de las armas de destrucción masiva. Simplemente, maximizaron una característica humana: el desdén por el Otro; o mejor expresado, la ignorancia, y los consecuentes miedo y violencia respecto al Otro.
Porque esa, mis hermanos, es la historia del Hombre: una sucesión de actos guiados por la irracionalidad y la ignorancia, repleta de asesinatos y plena de estupidez. La conquista de América no fue más que un muestrario máximo y a todo color (color de sangre) de tanta tiendita del horror. Asombrosamente, sobrevivimos; esto me confirma: la inteligencia no es necesaria para la supervivencia.
Bebamos una copa en nombre de nuestros nativos, a quienes nuestros antepasados no tuvieron problemas en matar, y a quienes seguimos marginando día a día.

viernes, septiembre 28, 2007

Feel The Power!

El domingo 23 cumplí 2 años de blogger. Algunos ya sabían, creo. Podría aprovechar la oportunidad para hacer un recuento de estos dos últimos, y declarar (con total sinceridad) que lo único que se mantuvo estable en mi vida en este tiempo fue el blog. Pero no lo haré, porque me parece una pedorreada, así que sólo me limitaré a poner el link de mi primer post (ay, se ve tan tierno ahora a lo lejos!) http://blogdelperromanolo.blogspot.com/2005/09/agua.html

La Terminal de Paraná es el sitio donde paso buena parte de mis horas, gracias a la bendita universidad. Este lugarcito del mundo de decididamente pequeño, sucio y feo; por ende, es el símbolo perfecto de la ciudad de Paraná, Capital Internacional de la Inercia (esto me retrotrae a ciertas conversaciones etílicas mantenidas con Mr. Black Eyed Angel, en las cuales cometimos la osadía de comparar a Paraná con Santa Fé, y establecer un paralelo con Ciudad Gótica y Metrópolis, respectivamente; con todas las diferencias posibles, empezando por la inexistencia física de las dos últimas ciudades).

Aún así, mugrienta y decididamente antiestética, esa Terminal me inspira. Aún cuando no lo aparente, soy un tipo muy observador, y esos minutos muertos esperando el Fluviales o el Etacer (para los extranjeros: las dos empresas de colectivos que surcan el Túnel Subfluvial) son la oportunidad perfecta para jugar al analista social: sobra la gente que viene y que va.

Algunos rostros me resultan bastante familiares a esta altura: el Guardia de Seguridad que lo único que hace es fumar y mirar la novela por el televisor; el Tipo Que Te Pone Los Bolsos En El Colectivo, simpático desdentado; la Kiosquera Que Siempre Da Cambio, y varios personajes más. También estamos los de siempre, gente de Paraná que estudia, o trabaja, o tiene pareja en Santa Fé (y viceversa, aunque no me lo crean).

Pero frente a ese grupo más o menos estable, están los Otros. Los que no suelen andar en colectivos, los que no están acostumbrados a moverse de su ciudad todos los días. Es fácil reconocerlos: el rostro algo desencajado, como perdidos, las manos inquietas, el boleto en una mano y una gran valija en la otra. No les gusta la sensación de la espera, y no ven la hora de que llegue el condenado ómnibus para poder acomodarse en paz. Suelen acercarse a la gente, y preguntar incansablemente, a quien sea, “si por acá sale el que va para Buenos Aires”.

Esta gente que no entiende nada, para ser sinceros, me hace sentir bien conmigo mismo. Me gusta pensar en ellos como “neófitos” (más que nada, porque me gusta como suena la palabra, aunque de acuerdo al diccionario no sea la más indicada). Los veo, inseguros y despistados, y sonrío soberbiamente para mis adentros.

Es un ejemplo mínimo, pero que ilustra una cuestión: esa bendita sensación de poder. En este caso, el poder del conocimiento, el poder de saber que sé aquello que ellos no.

El poder, o mejor dicho, el sentirme poderoso (hablaré solo en plural; no quiero universalizar conceptos, aunque sospecho que no estoy tan solo) produce en mí placer como pocas cosas en este mundo (no deben ser más de tres, y dos de ellas son gritar un gol de la lepra, y el sexo).

Claro que hablar de El Poder, a secas, es un error. El poder se puede manifestar como en mi caso, como poder del conocimiento. Pero también puede ser un poder político, o económico, o incluso fisiológico. También varía en cuanto a su magnitud: no es lo mismo un estudiante de historia sintiéndose cómodo por estar acostumbrado a viajar en cole, que el presidente de una potencia decidiendo si borra una ciudad de un bombazo. Puede ser individual, o en algunos casos, algunos individuos deciden juntarse y asociarse a fin de potenciar sus capacidades (teóricamente, el mejor ejemplo sería el Estado, aunque este hace rato que entró en crisis). Pero en todas esas situaciones, sí hay algo en común, y es el hecho de saber que se puede interferir (en cualquier dirección y forma) sobre la vida de algún Otro, aún de una forma mínima.

En mi caso, existe un marcado desprecio hacia el poder conseguido mediante al esfuerzo, al sacrificio, y, obviamente, una admiración hacia el poder por habilidad, por ingenio. ¿Porqué? Porque, pongamos, cualquiera tiene ciertas posibilidades de conseguir dinero si trabaja como un marrano y tiene una suficiente dosis de suerte. En cambio, para pintar un Guernica o escribir un Aleph, y ser respetados y admirados como Picasso y Borges, hacen falta elementos totalmente distintos. Hoy en día, con tanta “moral de rebaño” (al decir del Fede Nietzsche) dando vueltas, se valora en exceso el poder por sacrificio. Pues a mí me molesta, así que si tienen una historia de “Josecito, mi primo, el huerfanito, que es medio ciego y medio sordo, y se crió en Villa Sífilis, pero se rompió el culo y hoy es profesor en Cambridge”, guárdensela.

Hay una sola excepción en mi relación al poder, y también está en relación al conocimiento: hay veces que me gusta sentirme absolutamente perdido, sentir que no identifico a nada ni nadie (el alcohol puede ser muy útil para estas cosas). Pero son muy pocas veces las que me pasa.

Por eso, les digo: si alguien se anima a acercarse a mi morada, seré su orgulloso guía. Pregunten nomás. ¡Vamos, que tienen que alimentar mis esperanzas dictatoriales!

Pequeñas Anecdotillas Al Margen Sobre Mí (algunas de ellas, horrendamente vergonzosas):

  • Cuando tenía 11 años, me compré un casette de Shakira
  • Soy disléxico
  • Recién ayer me enteré de la muerte de Elliott Smith
  • En la facultad me tienen podrido con el Modo de Producción Asiático
  • Son Cosas Mías! Es mi blog del momento
  • Me río como bestia con Chris Cocker